No necesitas un pedalboard enorme para sonar genial. Móntalo por etapas, y añade un pedal solo cuando puedas decir qué problema resuelve.
Etapa 1: lo básico
- Afinador. El pedal más importante que vas a tener.
- Un drive. Un overdrive versátil cubre mucho terreno, del crunch suave al ritmo de rock.
- Un delay o una reverb. Añade espacio y hace cantar los solos. Si tu ampli ya trae reverb, elige un delay.
Tres pedales, un adaptador daisy chain y unos cuantos patch cables bastan. Domina estos antes de comprar más.
Etapa 2: intermedia
- Compresor o boost. Un compresor para funk, country y sustain en limpio; un boost para los solos y para empujar tu drive.
- Modulación. Un chorus o un phaser es la primera elección habitual.
- Alimentación en serio. Una fuente de alimentación aislada, para que el pedalboard siga silencioso al crecer.
- Un pedalboard de verdad. Una base plana con velcro y cables decentes.
Etapa 3: avanzada
- Varios drives. Apila un pedal de poca ganancia y otro de más ganancia, o combina un overdrive con un fuzz.
- Estéreo. Delay y reverb estéreo hacia dos amplis o un equipo estéreo.
- Switcher o MIDI. Un switcher de loops te deja cambiar varios pedales con un solo botón, y saca de la cadena los pedales true bypass cuando están apagados. El MIDI permite que los pedales digitales recuperen presets.
Multiefectos
Un multiefectos te da afinador, drives, modulación, delay, reverb, a menudo simulaciones de ampli y un loop de efectos, todo en una caja con una sola fuente de alimentación. Con un presupuesto ajustado, o para descubrir qué te gusta antes de comprar pedales sueltos, es difícil de superar. Muchos guitarristas empiezan ahí y luego lo guardan como respaldo.
Comprar usado
Los pedales mantienen bien su valor y casi no se desgastan, así que el mercado de segunda mano es un gran sitio para comprar. Revisa que el footswitch haga clic con firmeza, que los jacks sujeten el conector sin crujidos, que los controles giren suaves sin rascar y que el pedal funcione con tu propia fuente. Pruébalo antes de pagar cuando puedas. Si luego cambias de idea, normalmente puedes revenderlo sin perder mucho.
